La decimocuarta edición de la Noche Étnica Mestizaje volvió a Sax el 6 de julio, un día extraño en lo referente al tiempo meteorológico. Aun así, las nubes, el viento, las tormentas eléctricas y el calor sofocante no impidieron que en la Ciudad Deportiva comenzase la fiesta organizada por la asociación sin ánimo de lucro Somos Anti Xenofóbia. Se trata de un equipo de voluntarios que durante todo el año cuidan con mimo los detalles que hacen que este festival deje con buen sabor de boca a todos y todas las que pasan por allí.

La Noche Étnica es un evento con su propia personalidad. Se diferencia de otros en una escena llena festivales en los que la prioridad es el beneficio económico sobre la música y el público. Aquí se busca la unión de las personas a través de la cultura, independientemente de su procedencia, sexo, etnia o religión. Y se nota. Precios populares, buen trato por parte de la organización y la posibilidad de participar de nuevo en un proyecto solidario. Este año, la mitad de lo recaudado se destinará al proyecto en Tanzania de la ONG Enjipai. Además, el cartel de esta edición estaba formado únicamente por nombres femeninos.

Amazonians

La fiesta en el escenario comenzó a cargo del grupo de reggae Amazonians. El cuarteto formado en Valencia destiló un buen sonido roots. Aunque acababan de abrir puertas y no había demasiada gente, supieron poner a bailar a los que fuimos puntuales.

Después llegó el turno de The Dance Crashers, grupo valenciano que apuesta por el ska más clásico, cercano al soul, al jazz y al rocksteady.  Ideales para continuar soltándose. La noche cayó mientras deleitaban al público con canciones de su Fabulous Coconuts y versiones varias, como Roots and culture de Mikey Dread o 54-46 This my number, de Toots and The Maytals entre otras.

The Dance Crashers

Y para continuar, chamanismo, rituales y mucho tequila de la mano de La Malinche. Una de las actuaciones más especiales de la noche.

La mexicana presentó un espectáculo con ritmos fusionados, espiritualidad y feminismo. Mucha cumbia, rancheras y boleros para presentar su disco Hijas de la Tierra. Para terminar interpretó sus versiones de Macorina, poema de Comín popularizado por Chavela Vargas; de La Llorona, canción que también interpretó la Dama del poncho rojo; y el coreado Rata de Dos patas, de Paquita la del barrio.

La Malinche

Pero tras La hija de la tierra llegó el terremoto. La mujer que congregó a más personas en la explanada de la Ciudad Deportiva sajeña. Pasada la medianoche, hizo aparición Vinila Von Bismark respaldada por su banda. La granadina demostró que rebosa talento y dio el espectáculo que la gente fue a buscar.

Interpretó temas de su último disco, Motel llamado mentira, en el que se dan cita la fusión de ritmos árabes, flamencos, rock y psicodelia. Uno de los momentos más disfrutados por el público se dejó caer pronto. Quiero decirte al oído, tema principal de la campaña publicitaria de una conocida bebida, fue coreado por todos los asistentes. También hubo guiños a su época más rockabilly y, en el apartado de versiones, La Llorona volvió a sonar con un toque diferente. También interpretó Pena, Penita, Pena, homenajeando a Lola Flores.

Es innegable que Vinila tiene mucha personalidad y magnetismo. Lo lleva demostrando durante toda su carrera, en la que ha hecho lo que ha querido, y lo demostró en la última Noche Étnica, en la que todo el público quedó satisfecho.

Vinila Von Bismark

Después llegaron Las Chicas de la Habana. Latin jazz directo de Cuba para el desencaje de caderas general. Convirtieron el evento en una pista de baile en la que unos se movían como pez en el agua y otros nos sacudíamos como buenamente podíamos. La cuestión era no parar, porque con este quinteto, era imposible que los pies no se movieran solos.

Uno de los primeros temas fue Oye como va, de Tito Puente, el cual encadenaron con otros clásicos de la rumba cubana. Entre bailoteo y bailoteo dejaron caer una versión de La Gozadera, ese taladro hidráulico que machacó nuestras cabezas hace unos veranos y que sorprendió a varios (a mí). Por suerte, entre su repertorio se encontraba la canción de Celia Cruz, Quimbara, que hizo que se me olvidase enseguida.

Otro de los temas más destacados de la noche fue el acaramelado Stand By Me, de Ben E. King, en versión bachata. Todo un señor clásico del Soul, que fusionado con ritmos latinos, alcanzó la excelencia en sonidos óptimos para el acercamiento más tórrido.

Las Chicas de la Habana

Tras esta explosión de ritmo, parecía que la energía de los presentes comenzaba a flaquear, pero solo se trataba de un espejismo pasajero. En el momento que Skaparrapid y su Revuelta pusieron un pie en el escenario, los cuerpos comenzaron a volar por los aires, literalmente. Los valencianos no han perdido la forma y parece que nunca se han bajado de los escenarios.

Su concierto fue una sucesión de cañonazo tras cañonazo apuntando a la memoria de los presentes. Todo un repaso de su histórico repertorio de ska-punk en el que pudimos disfrutar de temas reivindicativos como Dona revela’t o Abajo en el sur; de cantos a la amistad, como Amor sin Odio; y de su himno cannábico, Plantita Ska. Tras poner a todos los asistentes a corear Que Trabaje el Rey, ya se podían dar por terminadas las actuaciones en vivo de esta edición de la Noche Étnica.

Skaparrapid

Como suele ser tradición en este festival, la fiesta se alargó hasta el amanecer con las actuaciones de las dj’s, pero un servidor no aguantó tanto, hizo bomba de humo a los colegas y se fue a casa a descansar.

La decimocuarta Noche Étnica volvió a Sax, lugar de sus inicios, mi pueblo. En este sitio, un grupo de personas crearon y creyeron en un proyecto que va más allá de la música. Quisieron sembrar semillas de solidaridad y acercamiento entre las personas. Y lo consiguieron. Además de traernos a grandes artistas año tras año, su público cumple un papel fundamental a la hora de conformar la identidad del evento, y para muchos, (como yo) es una cita anual ineludible. Ahí es donde ha radicado la dificultad de realizar una crónica sobre este festival. Entre constantes abrazos, saludos y agradables puestas al día, fue muy difícil estar al 100% pendiente de lo que ocurría sobre el escenario. Ojalá se queden.

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5 comentarios

    1. Da gusto ver que un festival se mantiene tan fieles a sus raíces, continuando donde le vio nacer, y donde sabe que su público le es completamente fiel.

      Además, esto contribuye a que se genere un sentimiento de hermandad entre los asistentes, que saben que cada festival es un reencuentro.

      Y en lo personal, se nota que disfrutaste mucho la noche y el ambiente, lo que se trasmite en la crónica. Así da gusto

      J. J
      1. ¡Muchas gracias por comentar! Los eventos que se realizan con cariño logran transmitir muy buenas sensaciones. A mi todavía más, ya que es en mi pueblo y organizado por amigos. Estáis invitados a la próxima. 😉

        Sergio Murillo
  1. Pingback:Fotogalería Noche Étnica Mestizaje Sax 2019 - Sergio Murillo Magazine

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